La ardilla y el caballo

Mucho tiempo hace desde que leí y escuché esta magnífica fábula de Tomás de Iriarte. Tanto así que recuerdo no haber entendido muy bien el significado real de su “denuncia” sin embargo me transportaba su rima, su armonía y su belleza, me parecía estar viendo frente a mí a la ardilla y al caballo.

Ahora que la he buscado y releído me parece más áspera que entonces, al comprender la moraleja, aún así sigue siendo maravillosa su rima. La quiero compartir con ustedes y pedirles por favor que la lean a sus hijos, sobretodo los que están en kinder, o en el jardín infantil disfrutarán mucho oyéndoles recitarla.

LA ARDILLA Y EL CABALLO (Algunos emplean en obras frívolas tanto afán como otros en las importantes.)

Mirando estaba un ardilla

a un generoso alazán,

que dócil a espuela y rienda,

se adiestraba en galopar.

Viéndole hacer movimientos

tan veloces y a compás,

de aquesta suerte le dijo

con muy poca cortedad:

«Señor mío,

de ese brío,

ligereza

y destreza

no me espanto,

que otro tanto

suelo hacer, y acaso más.

Yo soy viva,

soy activa,

me meneo,

me paseo,

yo trabajo,

subo y bajo,

no me estoy quieta jamás.»

El paso detiene entonces

el buen potro, y muy formal

en los términos siguientes

respuesta a la ardilla da:

«Tantas idas

y venidas,

tantas vueltas

y revueltas

(quiero, amiga,

que me diga),

¿son de alguna utilidad?

Yo me afano:

mas no en vano.

Sé mi oficio,

en servicio

de mi dueño,

tengo empeño

de lucir mi habilidad.»

Conque algunos escritores

ardillas también serán

si en obras frívolas gastan

todo el calor natural.

Con mucho cariño

Fuente: http://www.ale.uji.es/iriarte.htm
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